Democratización del liderazgo

Todos sabemos que la visión de liderazgo tradicional ha quedado algo obsoleta en los tiempos que corren. La imagen del líder elevado sobre sus empleados, responsable único en la toma de decisiones y acostumbrado a despreocuparse de las labores de su equipo ha quedado atrás.

Acostumbrado a un mundo globalizado e intercomunicado, el líder moderno no requiere de las mismas aptitudes que antaño. Por ello, queremos dedicar este post a exponer las principales características que precisa su figura:

Democratización del liderazgo

Debemos hacernos a la idea, hay que decir adiós a la estructura piramidal tal y como la conocemos. El líder actual no dirige y controla a sus inferiores, conecta y colabora con ellos. Cada vez más empleados asumen liderazgo en el entorno de trabajo, y todo el equipo tiene que estar hecho a ello. Esto no se trata de un concepto idealizado, es la realidad por la que funcionan las grandes compañías del mundo empresarial. Sus líderes no dictaminan, guían a sus equipos de trabajo; aportan las claves para avanzar, de forma conjunta, en la dirección deseada.

Capacidad de comunicación

Esta nueva forma de liderazgo nace de una premisa esencial: la capacidad de convencer. El líder ha de empatizar con la gente que le rodea. Necesita atrapar la atención de sus compañeros (sí, COMPAÑEROS; no inferiores o subordinados). Para ello, se precisa una relación sana, basada en la comunicación diaria, el interés mutuo y la empatía emocional; lo que nos lleva de forma directa a la siguiente clave.

Inteligencia emocional

Toda persona atraviesa momentos difíciles en alguna ocasión. Esto es normal, forma parte del juego. Le puede suceder a cualquier miembro de una empresa, da igual su cargo o responsabilidad.

Lo importante es no obcecarse en esconder estas flaquezas. El líder moderno ha de empatizar y entender a sus compañeros. Saber cuándo necesitan apoyo, moral o laboral. Conocer de forma sesuda a cada miembro de la empresa le ayudará a la hora de cubrir sus debilidades.

No obstante, el líder tiene que conocerse a sí mismo mejor que a nadie. Si no es capaz de identificar sus propias emociones, no podrá hacer lo propio con sus compañeros. Cuando el líder moderno siente debilidades, no las esconde; las manifiesta y tiene la capacidad de delegar en otras personas.

Rodearse de talento

Para ello, es necesario rodearse de gente de confianza. Formar un equipo de trabajo dinámico y eficiente resulta esencial. El líder moderno necesita trabajar con personas que busquen lo mismo: avanzar laboralmente, desarrollarse en el ámbito profesional y conseguir las mismas metas. Todos reman en la misma dirección, y si algún miembro afloja, necesitará a su alrededor compañeros capaces de cubrir su debilidad.

Pasión por la constancia

El líder actual tiene una metodología de trabajo basada en la regularidad y en la pasión por lo que hace. La constancia y la perseverancia diaria aumenta su productividad y acerca al equipo a la obtención de resultados. Si el líder no disfruta lo que hace, es probable que nunca sienta pasión por sus funciones y, por ende, no transmita a su equipo lo que se espera de él.

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