Ojos para reconocerle

Tras leer Lucas 24, 17-35 hubo una oración que se me ha quedado en la mente, hice mi meditación de la mañana sólo sobre ella. Siendo domingo en tiempos de confinamiento, quiero compartir ese texto con ustedes hoy.

“Mientras iban hablando y razonando, el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. v.15

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De este sólo versiculo, a pronto se identifican 4 características que estaban sucediendo y que son paralelismos para nuestra vida actual.

El ajetreo cotidiano: “Mientras iban hablando y razonando”. Ese es el primer signo. Este detalle sobre ellos representa nuestras agendas diarias llenas de compromisos pero también de tareas superfluas impidiendo ver más allá de lo que tenemos de frente y en nuestra mente. Muchas veces ese hablar y razonar es con nostros mismos ensimismados solo en nuestra realidad. Y cuantas veces surge ese espacio y lo llenamos de entretenimiento para no pensar, para no ver y encontrarnos con Dios.

Él se hace el encontradizo: “el mismo Jesús se les acercó”. Así es el misterio de Dios. Cuando buscamos de corazón a Jesús llegamos al encuentro con Él porque se hace el encontradizo. Como buen caballero, no fuerza su entrada a nuestras vidas respetando nuestra libertad, pero sí se hace el encontradizo para el que libremente quiere que Él entre en sus vidas. Así el Elohim (la trinidad), Dios nos salva por su misericordia no por un quid pro quo de nuestros méritos. El Espíritu Santo es nuestro defensor, consolador, fuente de sabiduría dado al creyente, su acción es a medida que busquemos vivir en gracia. Así es el Elohim, siempre actúa primero.

Él siempre está con nosotros: “e iba con ellos”. Nunca nos abandona aún cuando seamos nosotros que lo hagamos como lo hicieron los apóstoles, cuando fue entregado. Es Dios y en Él no hay mentira, por lo tanto sabemos que siempre está con nosotros porque nos lo prometió, “… sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (fragmento de Mateo 28, 16-20). Que preciosa esa promesa, como para no temer ante la adversidad.

No le podemos reconocer: “pero sus ojos no podían reconocerlo”. Si estamos muy ofuscados en las cosas de la tierra, si nos alimentamos el alma a través de los ojos con las cosas que no edifican el espíritu, no lo podremos reconocer y perder la oportunidad de vivir una vida plena cuando ya El está con nosotros. Es algo así como si nunca prestaste el esfuerzo e interés para aprender cierto idioma, no serás capaz de entenderlo.

Pidamos hoy al Señor que nos ayude a no caminar mirando el suelo, sino a levantar la mirada y caminar con la cabeza en alto, siempre hacia lo que nos haga crecer en espíritu y en verdad. Que seamos guia para aquellos que andan con la mirada baja pero realmente en el fondo desean algo más.

Paz y Bien.

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