Una reflexión sobre el tiempo de Dios

Esta es una reflexión de cómo se percibe el tiempo y cómo esa percepción influye en nuestro estado de ánimo. Lo que experimentamos nosotros es un reflejo de lo que llevamos dentro y lo que sentimos es la respuesta que le damos a todo aquello que percibimos. La experiencia de vida es algo así como un ciclo constante de retroalimentación entre lo que pensamos, experimentamos, interpretamos y finalmente respondemos. Nada, aqui les dejo la reflexión que la llevo conmigo en un trozo de papel por toda la casa desde hace un año y hasta en un momento estuve a punto de botarla en una de esas limpiezas.

En DIOS no existe el tiempo según nuestro conocimiento, de hecho cualquier descripcion de DIOS por buena y elaborada que sea es solo una aproximacion pero que queda infinitamente lejos de lo que es. Eso que con esfuerzo explicamos de DIOS es ese rayito de luz, de claridad, que Él nos permite ver para acercarnos, pero no nos puede dar más porque nuestra capacidad intelectual finita no puede contener un conocimiento infinito.

Nuestra definición de tiempo, serie de sucesos confinados bajo los límites físico del espacio (fisica humana), que a su vez es infinito y continua expandiéndose infinitamente a un ritmo que incrementa exponencialmente . Pero, si se pudiera definir el tiempo de Dios, este seria un eterno, continuo y constante ahora. Y eso pense, más bien lo sentí, allí sentado de cuerpo presente en la Santa Misa.

Los Cristianos debemos aceptar y vivir en el tiempo de Dios. Esto es vivir en el tiempo presente. Estar presente en mente y alma, sólo en el ahora. El pasado, una vez aprendemos para crecer y acercarnos a Dios ya de nada nos sirve. Vivir en el pasado nos llena de inconformismo y nos quita el gozo y la alegría vibrante de la vida. Ante el futuro somos totalmente impotentes. No sabemos lo que acontecerá a ciencia cierta, existe una infinidad de variantes y circunstancias posibles que no podemos controlar sin llegar allá. El futuro, el tiempo futuro, por más que nos afanemos no lo podemos adelantar, solo podemos esperar. Vivir en el mañana nos trae ansiedad y esto nos quita la paz.

Nuestro gozo, la alegria y la paz solo la podemos encontrar viviendo el tiempo de Dios, el tiempo que nos ha regalado, viviendo el tiempo presente.

Paz y Bien.

Juan 14, 27

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